Adiós, amigo Geno Schupp

Hoy he recibido una noticia de las que cuesta digerir: ha fallecido Eugene W. Schupp (Utah State University), «Geno» para quienes tuvimos la suerte de conocerlo.

Para muchos ecólogos, Geno fue una referencia científica imprescindible. Su nombre aparece asociado a algunos de los trabajos más influyentes sobre dispersión de semillas, un campo que ayudó a moldear durante décadas. Sus contribuciones sobre la efectividad de los dispersores de semillas, trasladadas más tarde a otros ámbitos del conocimiento, cambiaron nuestra forma de entender las interacciones entre plantas y animales y continúan siendo una referencia para investigadores de todo el mundo.

Sin embargo, cuando pienso en Geno, no recuerdo primero sus artículos ni sus miles de citas. Recuerdo a una persona extraordinariamente amable, cercana y generosa. Recuerdo también a alguien con una capacidad enorme para observar. Cada año viajaba a España para seguir haciendo aquello que más le apasionaba: observar la naturaleza, intercambiar ideas, colaborar con colegas y disfrutar de la amistad que surge cuando la ciencia se convierte también en una forma de compartir la vida. Era de esas personas capaces de hacer sentir cómodos a estudiantes, investigadores jóvenes y científicos consolidados (o contertulios en la barra de cualquier taberna) por igual. Nunca necesitó hacer valer su prestigio; bastaban unos minutos de conversación para percibir su humildad científica y su calidad humana.

Tuve además la suerte de visitarlo en su casa en Logan, Utah. Allí descubrí en mi ídolo científico y naturalista otra de sus pasiones: la cocina mediterránea y las salsas picantes que preparaba él mismo. En una de aquellas visitas, cometí el error de probar una de sus especialidades sin calibrar adecuadamente su potencia. El resultado fue inmediato: mi nariz adquirió un tono rojo intenso que provocó las risas de todos los presentes. Desde entonces, Geno encontró un nuevo nombre para mí. Durante años me llamó cariñosamente «Rudolph», en referencia al famoso reno de la nariz roja que tiraba del carro de Santa Claus. Era una de esas bromas recurrentes que aparecían cada vez que nos reencontrábamos y que reflejaban perfectamente su sentido del humor, siempre amable y nunca hiriente, y también su extraordinaria capacidad para conectar con todo el mundo.

En Divulgare tuvimos además el privilegio de contar con su apoyo y su amistad. Geno fue uno de esos «amigos de Divulgare» que paseaban nuestras camisetas por distintos rincones del mundo. Para nosotros aquello significaba mucho más que una simple fotografía. Era una muestra de afecto y complicidad por parte de alguien a quien admirábamos profundamente.

Hoy la ecología pierde a uno de sus referentes internacionales en el estudio de la dispersión de semillas. Pero quienes tuvimos la suerte de conocerlo perdemos también a un amigo. Uno de esos amigos que dejan huella por su inteligencia, por su generosidad y por esa capacidad tan poco frecuente de combinar excelencia científica con una enorme humanidad.

Nos quedan sus trabajos, que seguirán formando parte de la historia de la ecología. Nos quedan también los recuerdos compartidos, las conversaciones, las risas y las anécdotas que ahora cobran un significado especial.

Y entre ellas, cada vez que recuerde aquel episodio con una salsa imposible o escuche el nombre de «Rudolph», volveré a acordarme de Geno y de su sonrisa.

Gracias por todo, amigo.

Se te va a echar de menos…

Después de una jornada «dura» de ecología con estupendos investigadores de Almeria-Granada-Utah como José María Gómez, Adela Gonzalez Megias y Geno Schupp en el Charavinillo (Granada).

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